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Agradezco por mi vida

 

    Recientemente celebramos a nuestras madres por haber decidido tenernos y regalarnos la posibilidad de nacer y experienciar en este planeta.

         Con lo que me surgió la duda:

¿Cuán a menudo agradecemos por nuestra vida?

         Solemos dar todo por sentado y no nos detenemos a respirar la impermanencia de las cosas y de la vida misma. La vida pasa y a veces pareciera que no estuviésemos aquí nosotros para vivirla.

        Vivimos la vida como si tuviésemos apuro en que pasase: comemos rápido, caminamos apurados, como si fuese realmente necesario tener que correr para todos lados, para llegar al trabajo, no perder la micro, incluso nos apuramos en llegar a nuestro hogar, siendo que se supone que ya estamos en nuestro horario de descanso, ¿o no es así?

     Vivimos corriendo y no sabemos muchas veces ni siquiera hacia dónde vamos. Me contaron la historia de una alumna que siempre andaba apurada, quería saber antes los resultados de las pruebas, se adelantaba a los demás y terminaba sus frases, incluso hacía las tareas antes de que pasasen la materia y el profesor un día le preguntó “¿A dónde quieres llegar tan rápido? ¿acaso ya quieres llegar al fin?” Ella por primera vez se vio a sí misma, avanzando sin detenerse en ningún lugar ni por nadie, viviendo una vida de tanto apuro, que llegaba al fin de sus días sin siquiera haberse dado cuenta de lo andado.

 

Con amor veo mi vida, consciente de cada paso y en armonía con mi andar.
Me amo y me acepto aquí y AHORA. Me detengo y respiro.

 

Con amor,

Lorena Salinas Contador

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