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Tejedoras de Ensueño

Ayer fui a un espectáculo llamado “Las Tejedoras”,
un monólogo de casi dos horas.
¡Espectacular!
Comencé a entender la sabiduría de aquellas mujeres que conservan una tradición por siglos.

Una tradición que se va desencantando en las nuevas generaciones,
incluso algunas madres están satisfechas que así sea,
que sus hijas no sean tejedoras y que tengan “educación”.
¿Acaso tejer no es educación?
¿y por qué no combinar ambas educaciones?

Porqué desvaloramos ese hermoso trabajo que no sólo es hecho a mano,
sino que hecho con el alma.

En cada textil está narrada una historia, una época de la vida,
es terapia en tejido.
Queda allí todo lo sentido,
todo lo expresado y lo no dicho también.

Como un pintor deja plasmada su esencia y tiene su marca.
Los pintores los valoramos y así no tanto valoramos a las tejedoras.
Interesante, ¿por qué será?
¿Será parte del imperialismo español que destruyó tantos textiles y tejedoras, al saber que se transmitían mensaje de rebelión a través de ellos?
¿Y habrá quedado en nuestro inconsciente colectivo como una posible amenaza a nuestro status quo?

El arte de tejer,
que tantos cuentos trae, tanta conexión con la vida y con sus ciclos,
nos hace reflexionar sobre cómo estamos llevando la vida,
¿Enraizadas? ¿Sembradas?

Anoche cuando llegué hice el ejercicio propuesto por la artista,
buscar imaginariamente nuestro cordón umbilical y lo planté.
Me quedé dormida luego de que la tierra acogiera lo que es mío y lo que es de ella.

Raíces creo que fue lo que soñé,
que tocaba el cielo con mis raíces de ensueño,
y seguía creciendo y tocaba una gran luz
allí en el centro de lo que todo es.

Me decía que estoy viva,
y aquí otra vez más en la tierra.
Que todo está bien y que siga avanzando.

Vi como crecían raíces también hacia la tierra,
hacia un centro de luz de ella que era en efecto su corazón,
y me mostraba su contacto con todas las otras raíces,
de todos los que estamos en la tierra
y de todos los que ya se fueron.

Allí estaban todas conectadas en su centro,
como ramas de parras todas entrelazadas y
sin saberse qué rama es de qué parrón.

Y todo se unía
y se anudaba a ratos,
para crear hermosas conexiones,
y entendí, por fin entendí,
que todo está conectado,
en esencia somos parras.

Somos enormes textiles que vamos tejiendo nuestras vidas.
Pequeños hilos se entrelazan y formamos las cuerdas del universo.
Y así es todo, la vida, los ciclos y nuestro caminar.

Una alegría en palabras, unas palabras en tejidos.
Comprendiendo lo que habita en cada uno para compartirlo y plasmarlo.

Como en los antiguos mitos del Olimpo en que los celos convierten a Aracnea en una tejedora eterna. Y en donde los mitos se entremezclan y aquí la diosa araña llalín kushe enseña a la primera tejedora.
¿No será llalín kushe la misma Aracnea?

Todo se confunde, todo se enreda y entrelaza,
nuestras emociones, nuestras historias,
las redes de la tierra y nuestros inconscientes.

¿Será acaso este colectivo el que nos da la fuerza de avanzar?
Sentirnos parte de la tierra y de sus formas,
del viento y de sus movimientos,
dejarnos de sentir solos y entendernos como este profundo tejido.

Hilos van hilos vienen,
lo que hago te afecta y lo que sientes lo siento,
¿acaso no es esta la última verdad?

Con amor,

Lorena Paz S.C.

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